Leer a Fabio Morábito es como ser una persona recién ciega, tocando por primera vez la letra “a” del sistema Braille; un punto solitario en un lugar específico con un significado particular.
Fabio toma elementos simples para construir sus relatos: un clavo en la pared, una pelota en el agua, unas huellas en la arena… pero también toma cosas poco ordinarias como soldado llamado Micías que, dentro del caballo de madera que asaltó Troya, decide que ese animal de madera será su casa.
En los libros de Fabio Morábito, tocamos las hojas de papel y vamos descubriendo letras “a” nuevas, pues al leerlos, nos damos cuenta de haber pasado por alto la belleza de esos elementos aparentemente simples.
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