Poema
Después del fuego
Dos fósforos están de pie.
Apoyan sus cabezas
una contra otra.
Un tercero se acerca
y les prende fuego.
Al principio
no ocurre nada.
Arden
y permanecen inmóviles.
Después la llama desciende.
Los dos se inclinan,
se buscan,
se sostienen.
Uno cede primero.
El otro intenta retenerlo,
pero el fuego
ya ha llegado demasiado abajo.
Del que yace en el suelo
sube un hilo de humo blanco.
El otro aún lo toca.
Permanece así
un instante.
Luego cae.
Sobre la mesa
quedan dos cuerpos negros,
torcidos uno hacia el otro,
y un poco de ceniza
donde antes estuvieron
sus cabezas.
Quien los mira
reconoce esa postura.
También él estuvo una vez
con la cabeza apoyada
en otra cabeza.
También creyó
que permanecerían así
después del fuego.
Apoyan sus cabezas
una contra otra.
Un tercero se acerca
y les prende fuego.
Al principio
no ocurre nada.
Arden
y permanecen inmóviles.
Después la llama desciende.
Los dos se inclinan,
se buscan,
se sostienen.
Uno cede primero.
El otro intenta retenerlo,
pero el fuego
ya ha llegado demasiado abajo.
Del que yace en el suelo
sube un hilo de humo blanco.
El otro aún lo toca.
Permanece así
un instante.
Luego cae.
Sobre la mesa
quedan dos cuerpos negros,
torcidos uno hacia el otro,
y un poco de ceniza
donde antes estuvieron
sus cabezas.
Quien los mira
reconoce esa postura.
También él estuvo una vez
con la cabeza apoyada
en otra cabeza.
También creyó
que permanecerían así
después del fuego.
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Comentarios 1
hace 1 mes
Voy a arreglar la hoja para que se vea bien tu poema.
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